El enojo, la tristeza y el miedo son emociones saludables que refuerzan nuestras relaciones con las demás personas.

Pero la actitud que las pone en riesgo es la positividad tóxica, que es cuando decimos que todo está bien, aunque todo parece indicar que no es así.

El problema es que esas emociones “desagradables” terminan haciéndose más grandes y, a la larga, pueden afectar nuestra forma de lidiar con la realidad.