A veces cuando interactuamos con otros, nos dejamos llevar por nuestras emociones; en muchas ocasiones estas son intensas y pueden llegar a ocasionar algún tipo de conflicto con los demás. El semáforo de las emociones suele ser una herramienta práctica funcional.  

El semáforo tiene tres pasos bien diferenciados:

Rojo; representa enfado, ira, indignación

 Si estoy en rojo (ya sea porque esa persona me ha molestado o estaba enfadado o molesto porque he tenido un mal día), es mejor tener claro que ese no es un buen momento para hablar. Seguramente será nuestra emoción quien hable por nosotros. Lo mejor será parar, e incluso comunicar a la otra persona que en ese momento no es prudente hablar.

Ámbar; estoy empezando a sentirme molesto

 Puede ser un buen momento para tomarnos unos minutos y aplicar alguna de esas estrategias que nos sirven para calmarnos o relajarnos.

Verde; estoy tranquilo

 En este caso, adelante, podremos comunicarnos de manera asertiva y sin problemas.

Aunque nosotros identifiquemos en qué color del semáforo estamos al tener que interactuar con otros, es importante que además nos planteemos cómo se encuentra la otra persona emocionalmente.