Decir groserías o usar “malas” palabras es un comportamiento casi normal del desarrollo en la niñez media y la adolescencia temprana. Generalmente, son utilizadas para impresionar a sus amigos y puede convertirse en parte de la relación con sus compañeros. Con bastante frecuencia, los niños y niñas pequeñas no saben los significados de las palabras que dicen, pero las dirán simplemente porque las han escuchado.

Sugerencias para ayudarle a manejar el problema de las groserías:

  • Si lo considera adecuado, establezca la regla “en nuestra casa no se dicen groserías“. En ninguna circunstancia debe tolerar que se dirijan a alguien con estas por enojo; si esto ocurre, envíe a su hijo inmediatamente a su cuarto a una pausa obligada.

 

  • Cuando su hijo o hija utilice groserías, no reaccione mal con sus propios arranques de rabia ni use groserías

 

  • Premie a su hijo por expresar su frustración adecuadamente sin decir groserías. Los cuadros para colocar estrellas y el dinero son herramientas muy útiles.

 

Como tal, decir groserías no es una señal de problemas emocionales. Sin embargo, si hay más problemas, como decir muchas mentiras, robar o tener dificultades con sus compañeros, el uso de groserías puede ser solo otro síntoma de una alteración psicológica o social. En este caso, hable con su pediatra sobre la opción de recibir consejería, ya sea terapia individual o familiar.